Esta es una historia para un público adulto, puede resultar incómoda para ciertas personas.

Portada — Todos amamos un buen café.
Cuaderno personal de Taslia
9 de enero del 2036, D.N., Rep. Dominicana, Tierra → (T986:48968B).
Hace 9 meses que llegamos a la Tierra: Mitra, Pastlie, Manae, Caela, Fet, Mos, Pal y yo. La Tierra es verdaderamente hermosa, llena de tanta agua. Es increíble que se pueda ver el planeta desde una posición en la que solo haya agua; es realmente sorprendente. Dan ganas de traer unos Feros o unos Calos para verlos nadar ahí. Con tanto espacio, es un desperdicio que no haya una sola especie de gran tamaño en tanto mar.
A esta altura estoy encantada. Los locales, a pesar de su… ¿cómo pongo esto? ¿su peculiar forma de ser, tal vez?, son a mi entender agradables. No tengo quejas. Esto es un claro sesgo mío; sé que viven hasta matándose entre ellos, pero no es algo que sea un problema para nosotras, las Nome. Esta forma barbárica de algunos ha sido hasta excitante, tal vez. No me siento orgullosa de pensar así… pero son los hechos.
Algunos han intentado cosas, confundiéndonos con las locales. Desde su punto de vista somos bellas y delicadas, más aún estando bajo el promedio de estatura local, lo cual los ha llevado —a ambos sexos— a intentar cosas desde las más dulces hasta las más perturbadoras. He de decir que la idea de ser una local no me hace gracia; no es agradable. No sé cómo alguien con nuestra complexión puede ir por ahí campante por la calle. La idea es un tanto aterradora.
La fauna local es bastante débil, aunque algunos son peligrosos en extremo para los locales. Hemos ido a ver algunos en su hábitat y son bastante bonitos o pintorescos. Es gracioso todo lo que intentan. Me han dejado toda la ropa externa dañada y babeada. Algunos llegan a estar bastante desconcertados al rato; creo que no se esperaban esto. Caela le dio un manotazo a uno y se arrepintió. Pobre animal. Luego estaba ella toda apenada. Sabía que eran frágiles, pero nos los vendieron más fuertes.
Los humanos son muy avanzados tecnológicamente. Tienen cosas muy interesantes, pero requieren una gran cantidad de recursos de los cuales aún disponen. Lamentablemente no hay entre nosotras nadie que sepa del tema. Nuestra tecnología es muy diferente y no sé cómo traducir nada de este conocimiento en algo útil para los humanos. Me siento, en ese apartado, inútil en esta visita. Hay cosas que no tienen ni cómo afectar; me dejan con las manos atadas simbólicamente. Apuesto a que Bisle sabría, pero tal vez fue lo mejor que no viniera… seguro que se matan más rápido entre ellos.
Algunas de las locales con parecido a nosotras me han parecido hermosas. Qué desperdicio. Algunas hasta lo han notado en mi mirada, y algunas han tenido interés en ello, pero no viene al caso, no tiene sentido. Esto solo dura hasta que se acercan; es evidente que no es una de las nuestras. Solo pienso, mientras las veo hablarme: qué desperdicio… cómo pueden ser tan bellas y al mismo tiempo no servirme de nada.
He hecho múltiples amigos y amigas. Les he tomado cariño. Es un alivio que regresaremos en pocos años. Temo amargarme por el inevitable destino que veré de quedarme siglos aquí.
Tener que explicar nuestras diferencias entre ambas especies ha sido raro, sobre todo en aspectos íntimos que nunca pensé que tendría que verbalizar. Aún recuerdo una conversación con Rafael, Luis y Abigail; solo de pensar en tener que explicarlo, casi se me sale el corazón del pecho. Incluso ahora, al recordarlo, se me eriza el vello.
Encantada yo de ir a esta cafetería que vendía ese pastel… ese pastel del que Abigail se me apareció con un pedacito. Qué cosa más deliciosa. Estaba yo feliz de entrar, oler el ambiente, ese dulzón en el aire, ese olor a chocolate y café. No sé cómo estos se beben esa cosa tan potente; prefiero el chocolate. Al menos con ese no me queda ese calentón interno por tantos minutos. No dejar de sobarme los brazos tanto tiempo me hace ver como loca. Aun así recaigo; un tanto masoquista soy, pero no hay que negar que ese olor lo vale de vez en cuando.
¿En qué estaba? Sí, en lo feliz que estaba. Se notaba de lejos mi entusiasmo cuando dije: “¡Ahí hay una mesa!”, y jalé a los demás hacia allá. Y es cuando noto que sobresalen sobre una de las mamparas un par de cabecitas. Esas sí las conocía: eran mis queridas… e idiotas… Mitra y Fet. Esas idiotas. Aún me molesta pensarlo.
Encantada llegué con ellas con los demás a rastras. Ahí estaban, hablando bajito y tranquilo entre ellas, con una taza grande y humeante de chocolate al centro, posada sobre la mesa, la cual estaban cubriendo las dos con ambas manos.
Las vi y me propuse saludarlas:
—¡Hola! ¿Cómo es…? ¡¿PERO QUÉ DIABLOS PIENSAN QUE ESTÁN HACIENDO?!
Creo que hasta el último cabello mío estaba brillando en ese momento. ¡Demonios! Hasta los ojos me brillaban de más, porque empecé a ver borroso.
Ambas se sentaron derechas y espantadas al verme, al parecer más espantadas por lo histérica que aparecí de repente.
Me acerqué a ellas y les dije entre dientes:
—¿Qué diablos creen que están haciendo en público?
Me miraron sorprendidas, pero cambiaron rápido de actitud.
—¿Qué dices, Taslia? No hay problema. Solo esto ha sido porque tú te has aparecido sin aviso. A nadie más le va a molestar —replicó Fet.
—Aun así, no —le dije.
—Pero, Taslia… no viene al caso… —dice Mitra mirando hacia abajo, sin siquiera poder mirarme.
—Has dejado a Fet arrastrarte a esto… —digo, ya cansada.
—Vamos, Taslia, si eso lo hacemos to… —responde Fet y se calla de repente. No debía haber dicho eso.
—¿Entonces están todas en esto? —digo, totalmente indignada.
—No, no, no… he sido solo yo. No metas a Mitra en esto; la he arrastrado yo… —dice Fet, ya un tanto apenada.
Soy la responsable de este viaje. Tengo más siglos que ellas y saben que estoy a cargo. Tal vez fui un poco dura, pero razones no me faltaron.
—Chicas… por favor, no hagan estas cosas. No hay necesidad —les digo.
—Entendido —dice Fet.
Mitra ni me mira.
Entonces volteé a mi grupo, que tenía cara de no entender nada de lo que acababa de pasar. Ahora Fet y Mitra, al notar que las miran, están totalmente sonrojadas.
Les digo a ellos que vayamos ya a nuestra mesa, la cual está un poco apartada de ellas y, con las mamparas, no la verán. Ya vi que se empezaron a sentir incómodas.
Llegó la camarera, pedimos y llegó la comida. Al poco, al fin y al cabo, cayó de ellos la bomba.
—¿Qué pasó ahí? —me mira Abigail con cara de que le pase el chisme.
Qué momento ese. Creo que suspiré, me moví, tuve un tic… de todo. ¿Cómo empiezo? Veo que los tres están interesados.
—Está bien, les diré, pero que conste que ustedes lo pidieron.
Ante tal respuesta ponen el gesto esperado. No es tan sencillo como creían.
—Saben que no somos humanas, ¿verdad?
—Sí, claro.
—¿Han visto algún varón?
—No…
—Nosotras somos de reproducción asexual.
—Sí, eso lo sabíamos.
—Entonces pensaban que no podíamos hacer algunas cosas…
—Bueno… sería lo entendible, ¿no?
—Para ponerlo sencillo, sin entrar en detalles… ustedes pueden hacer algunas cosas solos o acompañados…
En ese instante el momento se volvió incómodo; lo veía en sus miradas. Pero había que acabar.
—Pues después de una temperatura un poco más alta de un nivel poco seguro para los humanos, las cosas se sienten en las manos —no puedo evitar sonrojarme de más— un tanto diferentes, por así decirlo. Eso nos gusta compartirlo con otras, ya que la cercanía de nuestras manos lo hace diferente… mejor… —no puedo evitar apartar la vista—. Es… es algo visto de manera muy similar, para nosotras, a como ustedes ven… otras cosas.
Para ese instante ya habían puesto un montón de caras.
Al rato, Luis rompe el silencio:
—Entiendo que te pusieras así…
—Eso explica muchas cosas —dice Abigail.
Rafael tiene la vista perdida. Al rato dice, un tanto apenado:
—No es la primera vez que me las topo en eso…
Solo me queda llevarme la mano al rostro. Rafael… ¿por qué no te guardaste eso?
Pongo la frente en la mesa y solo se me escucha, apenada:
—Voy a tener que reunirlas a todas y hablarlo seriamente.
Es un alivio que, a esta fecha, nadie más sepa esto de nosotras. Sé que estos tres no dirán nada, o me habrá dado tiempo a corregirlas antes de que la gente lo sepa.
He pensado en ello y no sé cómo no me di cuenta antes. Fet es mi preferida. Ahora que lo pienso, era claro que en algo andaban. Veo que no tiene la confianza conmigo para intentar esas travesuras.
Por lo general, todo lo demás a la fecha está bien. Aún faltan 8 años aquí; los pienso disfrutar. Espero no dejarme llevar por las travesuras de las demás… quién sabe.
Espero que mi próximo apunte no empiece con: oh, dios, en qué me han metido.
Hasta la proxima, querida yo.

Cierre — Recuerdos de mis viajes.